martes 15 de septiembre de 2009

Segundo capítulo (Primer acto)

II

A las diez de la mañana sonó el móvil, Shandy lo buscó con los ojos todavía cerrados. De fondo se escuchaba la lluvia caer con fuerza sobre la pradera haciendo que el ambiente oliera a hierba mojada. El olor era muy agradable, así que respiró hondo y sonrió pensando en los paseos por el campo junto a su padre, un amante del campo.

—Maldito teléfono. —Masculló cuando logró encontrarlo.

Contestó: era Charlie, con esa voz fuerte que reconocería a miles de kilómetros.

—Buenos días, dormilón.
—No me vaciles, ya sabes que no me gusta. —Se rascó la cabeza- ¿Qué quieres?
—Tienes que ver esto, tío, seguro que te gustará. —Parecía extasiado.

El joven de pelo marrón abrió los ojos y se sentó con cuidado para no despertar a Elena.

— ¿Qué pasa?
—Lo de siempre, nuestro asesino ha vuelto a atacar. Apunta la dirección y mueve el culo.
—Espera, espera.

Dejó el móvil en el reposacabezas del sofá y corrió hacia la cocina para coger un bolígrafo y papel, pero no había en su libreta. Cansado recorrió todas las estancias de la casa, seguro de que el alegre Charlie estaba suspirando impaciente.

En la habitación encontró lo que buscaba y con cara de enfado se sentó en el sofá y alzó el móvil hacia su oído. Apuntó la dirección con su bonita letra y colgó con un “nos vemos”.

Anduvo hacia la ducha y se metió debajo, el agua templada le hacía pensar al tiempo que le calmaba los agarrotados huesos.

Unos minutos después ya bajaba las escaleras vestido de uniforme. Al llegar a la puerta abrió el negro paraguas mientras llovía a mares, toda la calle estaba mojada y muy resbaladiza. Se miró las botas y suspiró poniendo una mueca de enfado.

Cuando estuvo al lado del coche le dio al botón y abrió la puerta, corrió a refugiarse. Se apoyó contra el volante unos segundos, su estómago estaba revuelto y temía que iba a vomitar. Pronto se repuso y arrancó después de poner el CD de Judas Priest.

Bajó tres calles y salió por la autovía, tarareaba la canción que sonaba fuerte y miró hacia atrás, las luces de los coches le hacían daño en los ojos. El limpiaparabrisas dejaba ver la oscura carretera, giró por la tercera salida.

Pronto, entre la negrura de las calles se vio una luz azul y muchos coches de policía, los agentes esperaban tomándose unos cafés y unos donuts en cajas.

Aparcó en el callejón y bajó, rápidamente Charlie le tapó con su paraguas.

—Gracias. ¿Qué tenemos hoy?
—Es un varón, treinta y pocos. Le cortaron el cuello, pero hay más… —Miró hacia el cuerpo.

Le llevó hacia el cuerpo que yacía tirado boca arriba, estaba tapado con una sábana blanca. Tres chicos cubrían el cuerpo con un paraguas, el agente se agachó y corrió la tela.

— ¿Qué? —El joven palideció y notó cómo su estómago se volvía a revolver.
—Sí… le arrancaron el corazón cuando todavía estaba vivo.
—Madre mía.
—La cuchillada en el cuello acabó con su vida pero el corazón se lo cercenó cuando estaba vivito y coleando.

El agujero del pecho era perfecto, como si lo hubiera hecho un cirujano, aunque se había olvidado de suturar la herida.

—Parece cirujano el tío. —Se tocó la barbilla.
—Eso pensamos todos, pero hay miles de cirujanos en la ciudad.
—A ver qué nos dice Tom.
—Se fue de vacaciones, ahora hay un sustituto. Espero que sea tan bueno como Tomcillo. —Rió fuertemente dándole una palmada en la espalda a Shandy.

Pronto levantaron el cadáver y fueron hacia la comisaría central. Al entrar todos le saludaron y un hombre extraño le dio un donut.

— ¿Quién es?

La joven recepcionista puso una mueca de confusión y se limitó a levantar los hombros señal de que no sabía nada.

—Es el forense del que te hablaba. —Concluyó Charlie.
—Ahhh, parece buen tío.

Entraron los dos en el ascensor, y pulsaron el botón menos uno para bajar. El elevador abrió sus puertas con un leve chirrido, caminaron por el largo pasillo y abrieron la puerta de la morgue.

El hombre miró hacia ellos y sonrió. Francamente, tenía una sonrisa radiante.

—Hola, soy Shandy. —Se saludaron con un formal apretón de manos.
—Charlie, para servirle. Es decir, si usted quiere. —Dijo, con una sonrisa pícara en su rostro.
—Ya deben saber quién soy, ¿Cierto?
—No, lo siento. —Se burló Charlie.
—No importa. Mi nombre es Ivo.

Shandy observó al hombre, era muy extraño pero parecía afable. Sus piernas eran largas, tenía una barriga muy pronunciada. Su cara era redonda, unas gafas bastante oscuras cubrían sus ojos, la nariz era de un tono rosáceo y su boca extremadamente grande.

Debajo de la nariz y por encima de la boca tenía un bigote poblado rubio.

La puerta del habitáculo se volvió a abrir, unos jóvenes llevaban una camilla metálica: seguramente allí estaba el cuerpo de la nueva victima del asesino del bisturí.

Lo puso en la camilla, sacó una sábana y le tapó las piernas. Lo primero que hizo fue olerlo.

—Huele a humedad… a cerrado.
— ¿Cómo?
—Pues eso, que huele a humedad. Seguro que ha estado o le mataron en un bajo o al lado de algo mojado.

Shandy abrió los ojos, nunca había visto a alguien hacer eso; sonrió y se preocupó a la vez.

Parecía un tipo interesante.



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martes 7 de julio de 2009

Primer capítulo (Tercer acto)

En la morgue todos estaban en silencio. El forense examinó el cadáver de nuevo y se tocó suavemente la barbilla.

—Antes de morir fue torturada, pero no lo suficiente como para provocarle la muerte.
—Ya lo se, murió estrangulada.
—Sí, por el color de los labios se sabe y por las marcas se ve que fue manualmente.
—Ahora lo que tenemos que saber es el nombre del doctor que fue a visitar.

Por la puerta entró el joven acompañado de Charlie, al ver a Shandy le abrazó llorando a mares.

—Me quiero morir, no puedo vivir sin ella.
—Tranquilo, vamos a tomar una tila. —Dijo Charlie agarrándole del brazo.

Salieron mientras observaban el cuerpo despedazado de la joven. Los cortes de los pezones y de las yemas de los dedos habían sido realizados por un bisturí.

Shandy se sentó en una silla y miró al forense hacer su trabajo.

Tom escribía la autopsia, en la casilla del tipo de muerte puso una X en homicidio.

—Una pena de chica, parecía preciosa.
—Lo era, me acuerdo cuando íbamos a fiestas. Era preciosa de veras.
—Tenemos que hablar con el médico ese.
—Ya, si saben cuál es. Aquí hay miles de doctores, no podemos interrogarlos a todos. —Dijo con tono enfadado.
—Si es para salvar a la gente lo haría.

Pronto aparecieron por la puerta el joven que todavía temblaba pero menos y Charlie.

—Por aquí. —Le indicó.

Pasaron hacia los refrigeradores y buscó el número diez. Lo encontró enseguida y corrió la fría camilla, allí estaba ella envuelta en una bolsa gris.

Con cuidado la abrió dejando ver solo la cabeza, el joven se arrodilló y empezó a llorar con ganas.

— ¿Es ella? –Preguntó el viejo forense.
—Si… es ella. Mi niña. —Tocó su fría e inerte cara—. Sin ella no soy nada.
—Atraparemos al asesino, te lo prometemos.
—No puedo vivir sin ella. —Se levantó casi de un salto.
—Lo siento, vete a mi casa y quédate a dormir. No quiero que hagas nada de lo que te arrepientas. Encima allí está Elena.
—Lo haré.

Se fue andando con la miraba baja y los hombros caídos, salió fuera y se metió en el coche. Se derrumbó de nuevo sobre el volante.

Dentro Shandy se preocupó.

—Ahora vengo, voy a llevarle a casa.
—Aquí no pintas nada —dijo Tom sonriendo— vete a descansar, tienes mala cara.
—Gracias.

Fue corriendo hacia la planta baja y vio al joven llorando, con la mano aporreó la ventanilla.

— ¿Qué quieres?
—Te llevo yo a casa.
—Como quieras. —Se pasó al asiento del copiloto.

Se metió en el coche y entró, el rugido del motor le despertó. Conectó la radio, sonaba una vieja canción.

Estaba muy destrozado, incluso para conducir.

Llegaron en media hora y aparcaron en el garaje. Abrió la puerta y allí estaba Elena, vestida con un pantalón corto negro y la camisa del mismo color. Al verlo su corazón se aceleró.

— ¿Qué te pasa?
—Jessy está muerta.
— ¿Cómo?
—Es verdad, el asesino del bisturí la mató. –Dijo Shandy cabizbajo.
—No puede ser.
—Pasa a tu cuarto.

Le guió hacia el pasillo donde había tres puertas, abrió la segunda y encendió la luz. Era una habitación pequeña con una cama sencilla y un escritorio pequeño pegado a la pared.

—Aquí puedes dormir.
—Te puedes quedar los días que quieras.
—Muchas gracias.
—De nada, eres nuestro amigo. —Elena le abrazó.

Cerró la puerta y fueron al comedor, donde se sentaron. La pelirroja abrazó a Shandy y éste puso la cabeza en el pecho de su amada.

—Que pena, está destrozado.
—Normal, era su novia.
—Ya lo sé. Como no cojamos pronto al asesino no sé que será de la ciudad.
—Esto es horrible, podríamos irnos de aquí, intentar olvidar y empezar de cero en cualquier otro lugar donde estemos a salvo. ¿No crees que sería buena idea?
—No, un día juré que iba a atrapar al asesino y eso haré. No puedo cagarme así como así.

Se abrazaron y se quedaron dormidos los dos juntos.

En la habitación el joven lloraba abrazado a las sábanas. Solo quería morir.



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lunes 22 de junio de 2009

Primer capítulo (Segundo acto)

El teléfono le despertó, se había quedado dormido en la bañera. Su piel estaba muy arrugada, tanto que incluso le dolía.

Se envolvió en la toalla y fue hacia el aparato, que cogió.

— ¿Si?
—Soy yo, Charlie. Hemos encontrado otro cuerpo.
— ¿En qué estado?
—No tiene nada cambiado, parece ser que lo estrangularon y descuartizaron. Eso sí, le faltan los pezones, las yemas de los dedos de manos y pies y el pelo.
—Esto se nos está yendo de las manos.
—Ya lo sé pero no tenemos ni una pista sobre el asesino.
—Llevamos cinco cadáveres en esta semana.
—Ya lo sé, uno cada día prácticamente.
—Sí, ahora voy hacia allí.

Colgó el teléfono y escuchó la puerta abrirse, era su pareja; le besó y se sentó en el sofá cabizbajo.

— ¿Qué te pasa? —Le tocó la espalda.
—Han encontrado otro cadáver. Tengo que atrapar al asesino y hacerle pagar por todo el daño que está haciendo a esta ciudad.
—No pienses en eso, relájate un poco.

Elena era pelirroja, no muy alta pero muy inteligente, conoció a Shandy en el instituto, donde empezó a sentir una atracción muy fuerte por él.

Su padre le maltrataba de pequeña, a él y a su madre hasta que una noche se escaparon de casa dejando al cruel hombre allí. Éste cayó en una depresión de la que no pudo salir, una noche el señor dejó abierto el gas y encendió una cerilla haciendo volar la casa con él dentro, quedó reducido a ceniza.

En la fiesta del dieciocho cumpleaños de Shandy la pelirroja se declaró al joven y empezaron a salir.

—Tengo que irme.
—Ya… —Bajó la cabeza.
—Lo siento, el trabajo me engulle.
—Ángel City ya no es lo que era.
—Y que lo digas.

Fue hacia su cuarto y se vistió de uniforme, cogió las llaves y se fue cerrando la puerta a sus espaldas.

Bajó por las escaleras y entró en el coche; apoyó la cabeza sobre el volante unos segundos y arrancó después.

Llegó pronto a la morgue, allí había tres bolsas.

Tom, el forense, cuarenta años, fuerte y bajo, siempre sonreía pero aquella vez solo examinaba los trozos de la joven que fueron arrancados.

—Ya estoy aquí.
—Pasa Shandy.
— ¿La has identificado?
—No, solo sé que es una chica.

El joven se acercó a donde estaba la cabeza y con unos guantes le abrió los ojos, eran de color aguamarina.

—Era preciosa.
—Eso parece, pobrecilla.
—Lo de identificar no se puede ya que no tiene yemas ni pelo… pero al asesino se le olvidó quitarle los dientes.
—Es verdad, un error.
—Grave error por parte del asesino.

Miraba los ojos de la joven y la cara, que parecía estar asustada ya que tenía la boca abierta, ¿qué había visto esa joven? Era la pregunta que se hacia el de pelo marrón.

—Por fin apareces, gandul.
—Siempre con lo mismo, Charlie, no sé cómo no te manda a tomar viento. —Dijo Tom mientras miraba de reojo a Shandy.
—Por que me conoce muy bien, ¿a que sí? —Le dio un codazo en el costado.
—Arg… eres un pesado, Charlie. —Se tocó la zona donde le dio.
—Pronto sabremos quien eres, preciosa.

Le cerró los ojos y la boca con la mano enguantada en látex.

....

En el piso estaba la joven descansando en el sofá, trabajaba de paleontóloga y terminaba el día muy cansada. En la mesita reposaba una infusión que soplaba a veces dando pequeños sorbos después.

Pronto sonó el teléfono, rápidamente lo agarró.

— ¿Si?
—Soy yo, ¿saldrás esta noche? —Era un amigo de la pareja.
—No, mañana sí. Recuerda que es mi cumpleaños.
—Es verdad, no me acordaba, pero tranquila, te regalaremos algo.
—Siempre dices eso y nunca me regalas nada. —Dijo con un tono divertido y una ceja levantada.
—Mi novia se ha ido a una cita con un doctor y no ha vuelto, es tarde ¿no?
—Son las once de la noche.
—Estoy muy preocupado.
—Ya volverá, te quiere mucho como para dejarte tirado. Ya hablaremos.
—Vale, adiós. –Parecía preocupado.

Colgó el teléfono, se tiró de nuevo en el sofá y encendió el televisor.

....

En la morgue seguían intentando identificar a la joven, de repente a Shandy se acordó de un día.

—Sé quién es.
— ¿Quién?
—La pareja de un amigo de mi novia. –Sus ojos se humedecieron.
— ¿Sabes su nombre?
— Dios… Dios… Dios… No... No me acuerdo.
— Está bien, Shandy. —Le sujetó los hombros con firmeza—. Tranquilízate y recuerda.
— Jessica. Jessica Lewiit James.

El joven sacó su móvil y marcó el número de su amigo, esperó dos segundos hasta que lo cogió.

—Hola Shan.
—Te quiero preguntar una cosa, espero que la respuesta sea sí.
—Dime.
— ¿Está Jessy en casa?
—No, se fue a una cita con un doctor para hacerse una lipo pero no ha vuelto.
— ¿Un doctor?
—Sí, ¿pasa algo?

Hubo una pausa bastante larga.

—Ella… está… muerta.
— ¿Qué? –Su mano temblaba y sus ojos se humedecieron.
—Sí, la encontraron en un cubo de basura.
—No puede ser.
—Lo siento, tienes que venir a reconocerla.
—No sé si podré, no sé si podré. –Empezó a llorar y colgó.

Miró hacia delante y también empezó a llorar. Notó un mareo y todo se le volvió oscuro hasta que cayó desmayado al suelo.

Despertó dos minutos después, su boca estaba seca y su estómago revuelto.

—No puede estar muerta.
— ¿Has dicho que tenía una cita con el médico?
—Eso me dijo él.
—Puede que después de salir alguien la capturara.
—Seguramente. –Charlie le dio un vaso de agua que tragó de un golpe.

Mientras el novio de Jessy salió de casa directo a reconocer el cuerpo de su amada, no paraba de llorar.

Llegó a la comisaría pronto pero no se atrevió a entrar, después de intentarlo tres veces entró decidido.

Iba a ser duro, muy duro para el joven.




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sábado 23 de mayo de 2009

Primer capítulo (Primer acto)

I

La lluvia mojaba la gran ciudad, las sirenas y ambulancias rompían la tranquilidad y el silencio que reinaba en sus calles. En un callejón yacía un cuerpo brutalmente mutilado.

—Otro más, llevamos tres en está semana.

El joven de pelo marrón miró la espeluznante escena. Su nombre era Shandy tenía veintitrés años y era casi un novato. Su altura asustaba, por eso para él era un complejo, los ojos eran azules y siempre tenía en la cara una sonrisa.

Uno de los inspectores vio que el cuerpo tenía algo extraño: uno era azul y el otro verde.

—Parece que le han extirpado un ojo y le han puesto otro. —.dijo moviendo los labios.
—Como los otros cuerpos, a uno le faltaba la lengua, al de ayer le habían puesto un brazo más moreno… cada vez peor.
—El grado de sadismo es impresionante.

Cada vez la lluvia era más fuerte y podía borrar las posibles pruebas que hubiera en el cuerpo que tenía por lo menos cincuenta años, era varón y de pelo canoso.

—Todo esto está llegando demasiado lejos. —Expresó enfadado apretando el puño.

Dos jóvenes protegieron el cuerpo hasta que llegó el juez y ordenó el levantamiento del cadáver.

En la comisaría, los archivos de asesinatos se amontonaban en la mesa de Shandy, quien suspiró al verlos todos desperdigados por el pequeño escritorio.

—Mañana lo limpio todo. —Parecía decidido.
—Siempre dices lo mismo.
—Cállate, Charlie. —Replicó casi gritando.
—Hasta mañana y descansa bien.

Se levantó y cogió la chaqueta negra que hacía juego con sus pantalones y camisa del mismo color.

Salió por la puerta y se montó en el coche, un Audi A3 bastante antiguo. Puso música para relajarse, sonaba una canción de Judas Priest, le subió el volumen y arrancó.

Era la última casa que quedaba en la ciudad, la había construido su padre tiempo atrás, invirtiendo en ella todos sus esfuerzos, por lo que tenía un gran valor sentimental para él.

Era una pequeña casa, las habitaciones eran demasiado oscuras y algunas muy pequeñas, menos la de matrimonio, donde pasó los mejores días con su pareja. Por el pasillo, la tercera puerta era el baño, pequeño también, pero con una bañera bastante grande. El salón era lo más grande de la casa.

Shandy recordaba a menudo las últimas palabras de su padre desaparecido de forma misteriosa...''Cuida de la casa''

Se repetían una y otra vez en su cabeza, como si de un acertijo se tratase, y una y otra vez intentaba descifrar en vano el sentido de aquella frase....

Pusieron la denuncia y todos salieron a buscarle pero nadie le encontró. Cinco días después, un excursionista encontró el cadáver detrás de unos arbustos de bayas rojas. Tenía trozos de piel implantados, le habían degollado salvajemente y había símbolos de lucha, ya que el viejo señor tenía las uñas rotas.

Fue el primer asesinato del “asesino del bisturí”.

Aparcó el coche en el garaje y abrió la puerta de la pequeña casa. Encendió la calefacción y llenó la bañera de agua.

—Tengo que relajarme un poco, estoy muy tenso. —Hablaba para sí mismo mirándose al espejo.

Cuando la bañera estuvo llena se desnudó y se metió dentro, el agua estaba caliente como le gustaba a él. Sacó de un armario un botecito de sales de baño y esparció unas pocas por el agua, dándole un color azul y un aroma increíble.

Se recostó en el reposa cabezas y cerró los ojos, pensó en su padre y en el día del funeral cuando juró que iba a cazar al asesino que había echo aquello con su querido progenitor.

De sus ojos escaparon unas cuantas lágrimas amargas, que secó apenas las sintió correr por sus mejillas. Definitivamente, ya no era el mismo que antes, y eso se notaba. Ahora lo único que quería, era vengar la muerte de su padre, y en el funeral juró que no descansaría hasta lograrlo.



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jueves 14 de mayo de 2009

Bienvenidos...


"No soy un demente, sólo soy un excéntrico. A veces ni yo mismo me comprendo."

Albert Fish


Es la historia de Shandy uno de los mejores policías de Angel City en busca de un asesino en serie apodado "El asesino del bisturí" ... empieza la busqueda mientras el sádico sigue matando a diestro y siniestro.



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¡NO AL PLAGIO!